Y aquí, la que apareció en las páginas de la Agenda Cultural del Diario MÁLAGA HOY, también el día 11.
Esta vez, algunos medios de comunicación de Málaga y Sevilla se han hecho eco de la presentación de EL VUELO DEL CISNE, así como del contenido de la propia novela.
Os dejo los escaneos de esos recortes de prensa.
En este caso, el que apareción en el Diario SUR, el mismo 11 de noviembre de 2009.
Tal como os prometía, aquí está el vídeo de la presentación. Para aquellos que, por una razón u otra no pudieron asistir, para los que por cuestión de distancia geográfica no nos acompañasteis o, simplemente, para todos los que quieran volver a vivir el momento.
Para facilitar su visionado, lo hemos dividido en tres partes que suman un total de 27 minutos.
Espero que sea de vuestro interés.
Ya pasó el día once, que quedará en mi recuerdo como una de esas fechas entrañables difíciles de olvidar.
He tomado un –si me permitís el apunte- merecido descanso porque, tras la presentación, había acumulado más de dos meses de concienzudo trabajo con el fin de que todo saliera lo mejor posible. No os mentiré si digo que ayer pasé el día relajado para recuperar fuerzas y aliviar ligeramente el pensamiento, que tampoco viene mal.
Pero faltaba realizar esta pequeña entrada, transmisor inevitable de los sentimientos y emociones del día grande de mi segundo hijo de papel.
A pesar de los inefables nervios, naturales en el padre orgulloso –más que nada, porque uno tiende a ser un ápice perfeccionista… a veces por demás-, todo transcurrió con bastante naturalidad y cierto encanto, o así lo percibí yo.
Para los más allegados no resulta un secreto que llevo preparando la presentación del libro desde hace más de dos meses. Os puedo asegurar que, a pesar de que Aladena se hace cargo de sus responsabilidades, hay mucho que hacer y para alguien que se reconoce un fanático del control y gusta de realizar o supervisar todas las tareas como un servidor, tanto más.
Quizá éstas sean las razones por las que aún no he tenido tiempo de mentalizarme -y acongojarme, como todo buen tímido que se precie-, ante la idea de practicar el antiguo arte de la oratoria frente a una audiencia más o menos nutrida.